Reforma Electoral: ¿Adiós al Conteo Ciudadano y al PREP?

Al analizar la "letra chiquita" y la viabilidad operativa de este nuevo modelo de representación proporcional, nos enfrentamos a un riesgo inminente: la parálisis del sistema electoral en la misma noche de la elección y la consecuente desaparición del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP).

ANATOMÍA DE LA REFORMA

Alba Zayonara Rodríguez Martínez Especialista en Justicia Electoral y Género

3/6/20263 min read

Reforma Electoral: ¿Adiós al Conteo Ciudadano y al PREP?

Por: Alba Zayonara Rodríguez Martínez

Especialista en Justicia Electoral y Género

La narrativa oficial es que con la Reforma Electoral tendremos mayor democracia, pero en la práctica, esto podría convertirse en una pesadilla operativa.

La reciente reforma constitucional en materia electoral, impulsada desde la Presidencia de la República presentada el pasado 4 de febrero, promete acercar a quienes representarán al pueblo mediante el voto directo. Sin embargo, al analizar la "letra chiquita" y la viabilidad operativa de este nuevo modelo de representación proporcional, nos enfrentamos a un riesgo inminente: la parálisis del sistema electoral en la misma noche de la elección y la consecuente desaparición del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP).

El punto de partida del problema es la boleta electoral. Si cada partido político nacional tiene derecho a postular de manera individual hasta cuarenta candidaturas por circunscripción ─posiblemente sean 20 porque solo serán elegidas 100 bajo este esquema, pero la complejidad es latente─, y considerando el número de partidos con registro nacional, la boleta destinada a esta votación podría contener un volumen de candidaturas sin precedente en la historia electoral del país.

Una boleta de esas dimensiones no es solo un desafío logístico en términos de impresión y distribución. Es, fundamentalmente, un obstáculo para el ejercicio libre e informado del voto.

La ciudadanía que acude a las urnas se encontraría frente a un instrumento de votación de una complejidad inusitada, con decenas de nombres que en la mayoría de los casos le resultarán desconocidos, lo que desnaturaliza la propia lógica de la elección directa que la reforma pretende instaurar como un avance democrático. Resulta contradictorio invocar la cercanía entre el electorado y personas representantes como justificación del nuevo modelo, cuando el diseño concreto de la boleta hace materialmente difícil que esa cercanía exista.

El segundo nudo crítico se encuentra en el escrutinio y cómputo de esta votación. Las mesas directivas de casilla están integradas por ciudadanía sorteada que reciben una capacitación limitada ─y que, dado el contenido de la reforma constitucional, tendría que modificarse en la ley─ para realizar tareas que, en condiciones ordinarias, ya representan una carga considerable. El escrutinio y cómputo de una boleta con el volumen de candidaturas que este modelo implica multiplica exponencialmente el tiempo requerido, la posibilidad de errores y la fatiga de quienes realizan esa labor al cierre de la jornada electoral.

Pudiendo ser ese factor la antesala para que se adopte la decisión donde se repita lo ocurrido en la elección judicial que, ante la complejidad de las boletas y el volumen de información a procesar, en las casillas se realizaron solamente escrutinios pero no cómputos.

Ante ese escenario las casillas electorales no arrojaron resultados, por lo que no existió el insumo para alimentar el PREP, y de esta forma ofrecer a la ciudadanía información oportuna sobre la tendencia de los resultados la noche de la elección.

Por lo tanto, implicaría la desaparición funcional del PREP, si bien no sería por una decisión adoptada formalmente por alguna autoridad. Sino que ocurriría de facto, como resultado de un diseño electoral que no fue sometido a una evaluación rigurosa de su viabilidad operativa antes de ser aprobado. Y una vez que suceda, será muy difícil revertir sus efectos sobre la confianza ciudadana en los resultados.

Lamentablemente, esto no es nuevo, estamos frente al riesgo de repetir lo que ya vivimos en la elección judicial. El conteo ciudadano no solo es una garantía invaluable para las elecciones; es el mecanismo que nos permite vigila voto a voto, y, a partir del cual, los partidos políticos y candidaturas pueden documentar paso a paso lo que ocurre el día de la elección.

En un país con los índices de violencia tan alarmantes, los disturbios, quema de material electoral y paquetes que se destruyen cada vez son más comunes. Más de una elección se ha salvado gracias a estos mecanismos que permiten garantizar certeza.

La verdadera democracia no surge de la buena voluntad ni de la improvisación de reformas; se cuenta, voto a voto, por ciudadanas y ciudadanos en los que podemos confiar, usando un sistema que realmente funcione y que garantice confiabilidad y transparencia.