Reforma Electoral: La República de 35 millones de mexicanos
Ojo con esto, nos están hablando de frente: para los redactores de esta reforma, la estructura del INE y de los OPLE no tiene ninguna valía histórica ni democrática. Son vistos como las instituciones de un pasado que están decididos a desterrar.
ANATOMÍA DE LA REFORMA
Mónica Calles Miramontes Abogada y consultora especialista en materia electoral
3/4/20263 min read


Reforma Electoral: La República de 35 millones de mexicanos
Por Mónica Calles Miramontes
Abogada y consultora especialista en materia electoral
La democracia no le pertenece al partido en el poder y una reforma Constitucional no se construye desde la oscuridad, imposición y exclusión. En democracia las reglas del juego se discuten de frente a la nación, con la participación de todos.
Solo hay una palabra para definir a un gobierno que no entienda de esto: AUTORITARIO.
La iniciativa de reforma electoral que impulsa el gobierno es muy clara desde la página uno: no es un documento que surja desde la visión republicana de la Jefatura de Estado, sino desde la trinchera de una líder de un partido político.
Esto es muy grave, antes de entrar al articulado ─que lejos de despejar especulaciones crea muchas más─ debemos comprender la gravedad de la exposición ideológica desde donde se funda la próxima reforma electoral y que es la base para modificar nada menos que la Constitución de nuestro país.
La iniciativa de 2026 nada esconde, es frontal, no hay un lenguaje de neutralidad estatal, es un abierto manifiesto partidista que surge desde la “superioridad moral” y de una falsa idea de que “35 millones de votos” les otorga legitimidad para hacer y deshacer la Constitución, las instituciones y nuestra historia democrática.
En la exposición de motivos “pueblo” y “nación” son los votantes de Morena; ganar una elección es un permiso para excluir a 95 millones de mexicanos que no avalaron su triunfo en 2024. Simplemente están fuera de la ecuación democrática; se convierten en una anomalía, privilegiados, grupos de interés o sectores del neoliberalismo.
El documento asume de manera explícita que la historia democrática válida inicia con ellos; pues antes de 2018 todo fue un fraude, todo fue simulación construido por instituciones que abiertamente desdeñan y de las que no reconocen siquiera su capacidad para organizar la elección donde ganaron, porque para ellos, el fraude estaba listo, sino hubiera sido por el “pueblo bueno” que lo impidió.
Es un manifiesto fincado en una ideología particular, en su versión de la historia democrática y un profundo resentimiento.
Ni siquiera en papel se había visto algo así en la historia reciente. La exposición de motivos de las reformas 2007 y 2014 apelaron a la institucionalidad, la pluralidad y reconocieron exigencias de la oposición.
En 2007, la exposición de motivos reconocía la construcción colectiva: "La presente Iniciativa es producto del acuerdo alcanzado entre las fuerzas políticas nacionales... No se propone empezar de nuevo; sino consolidar lo que, bajo el tamiz de la experiencia, probó eficacia democrática y buenos resultados".
En 2014, el dictamen senatorial reafirmó este principio al asentar que "los principios imperantes en la negociación eran la expresión plural, la diversidad de las ideas [...] siempre respaldados por el firme propósito de construir acuerdos".
Pluralidad, diálogo y entendimiento de que la norma fundamental y las reglas democráticas se escriben con el trabajo de todas las fuerzas políticas y el entendimiento frente a las diferentes formas de pensar.
Entender este manifiesto partidista es vital porque nos permite leer entre líneas. El aviso es claro: el peligro de esta reforma va mucho más allá de los temas que hoy acaparan la discusión pública. Sabemos que el riesgo inminente y silencioso está en las modificaciones a las leyes secundarias, ese terreno donde el oficialismo ya no tiene límites legislativos ni necesita construir acuerdos con la oposición.
Para justificar lo que viene, basta destacar la descalificación sistemática con la que se refieren al árbitro electoral en el documento. Se etiqueta al INE como una burocracia costosa y privilegiada, se le señala de parcial e ineficaz, y se le atribuye la autoría de innumerables fraudes.
Ojo con esto, nos están hablando de frente: para los redactores de esta reforma, la estructura del INE y de los OPLEs no tiene ninguna valía histórica ni democrática. Son vistos como las instituciones de un pasado que están decididos a desterrar.
La democracia sí está en riesgo con esta iniciativa de reforma que tiene una apariencia de “descafeinada”, esto es un espejismo, hay mucho detrás de cada palabra que pretenden modificar de nuestra Constitución.
Estos días el equipo de LupaReforma2026.mx publicará una serie de columnas especializadas desentrañando estos focos rojos, y presentaremos nuestro segundo Cuaderno de Inteligencia Estratégica, un análisis a profundidad para entender a qué nos enfrentamos realmente.
La advertencia está sobre la mesa. Mantente atento a nuestros próximos análisis; la democracia sigue en jaque.
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